LA SECTA DEL ARROZ Y POLLO
Doscientos gramos de merluza, 5 mililitros de aceite de oliva, Doscientos gramos de verduras, cinco nueces.
Son las cinco y media de la mañana de un mes de agosto del año 2020, quedan cinco semanas para una competición de culturismo que a causa de la situación y los confinamientos acabaría retrasándose hasta octubre. Ese era el desayuno que a mala gana me tocaba tomar yendo al curro. Imaginaos, más calor que soldando en Murcia y tú yendo a currar mientras disfrutas de ese triste plato a esas horas. ¿Mereció la pena? Para nada.
Toda la preparación fue bastante dura. Yo venía de un sobrepeso exagerado. Unos horarios lamentables como vigilante y un descuido por mi parte con el volumen ( si se podía masticar me comía lo que hubiera), así que empecé la preparación con un largo recorrido de pollo, arroz, pescado y verduras. Varios meses de retraso e incertidumbre a causa de los confinamientos me llevaron a perder parte de la ilusión y las ganas de vivir por culpa de la dieta. Iba con el tupper de pollo a todos los lados, evitaba compromisos familiares y me pasaba la semana ansiando esa comida libre en la que sin darme cuenta, una especie de trastorno de la alimentación asomaba la cabeza sin ser yo consciente. Porque, aunque no lo pensamos así, para la mayoría de las personas, restringir la alimentación al máximo toda la semana y hacerles esperar con ansiedad a esa comida concreta, no es saludable ni recomendable.
Pasaron los meses, mi físico había mejorado, pero ni de lejos estaba para una competición. Y así paso. Subí a la tarima con peor forma que nadie, siempre bromeo y digo que medalla se la tenían que haber dado al de mantenimiento del centro ( risas mil).
Después llegó la siguiente competición. La preparación fue mucho más corta pero aún así más productiva. La experiencia de mi preparador y la mía propia habían hecho que mi físico fuese mucho más competitivo. La dieta fue mucho más variada y llevadera, las comidas libres eras más lógicas y casi no pensaba en ellas. Al final tuve un resultado acorde con las pocas semanas de margen que tuvimos, y ésta vez no me ganó el señor de mantenimiento ( pero casi).
Ahora, casi tres años después de la última competición, mi dieta se basa en alimentos sanos, lo menos procesados posibles. Hago un desayuno de tres o cuatro huevos, jamón serrano, algo de pan integral y mantequilla. Porque la mantequilla es la hostia ( no se si se pueden poner palabrotas aquí), la mantequilla es tan increíble porque es una grasa natural, que nuestra genética sí entiende y aprovecha. Aporta butiratos, que es un ácido graso que alimenta a las células de nuestro sistema digestivo, y un montón de vitaminas liposolubles que mejoran la densidad ósea. Ahora como ternera casi a diario, pescado azul dos veces por semana, muslos de pollo, secreto de cerdo y queso de cabra a diario. Físicamente me encuentro mejor que nunca, mi cintura se ha reducido y tengo energía para levantar todo el peso que quiero, aunque menos de lo que levanta mi compañero de fatigas.
Os digo a dónde va todo ésta chapa inmensa que os suelto aquí.
La cultura del arroz y el pollo estaba bien antiguamente, la gente comía de forma básica y variaba su dieta lo justo. Recuerdo que al principio de mi época como adicto a las pesas, mezclaba atún con arroz en un tupper y me lo comía de madrugada para ganar masa muscular. Comía un kilo de pollo al día, pechuga a la plancha y ya. Y, ¿Estaba mejor que ahora?, para nada.
Uno no puede sobrevivir a base de proteína magra y arroz integral toda la vida. Vemos influencers en redes que visitan un buffet libre en sus vídeos y se llevan una báscula para pesar la comida. A ver, señor, estás en un buffet, la idea es comer hasta que tengan que sacarte por la puerta de emergencia. No critico que alguien que va a competir se vea obligado a controlar lo que come en un restaurante al que va unas semanas antes del evento, pero, vosotros pensad, si nadie fuera a ver la foto o el vídeo con la báscula en aquel comercio, el influencer ni la hubiera sacado de casa. Las redes muestran a culturistas comiendo en parques, preparando kilos y kilos de comida que realmente no les hace falta. Algunos salen del gimnasio tomándose el batido a toda prisa, como si la masa muscular fuera de quita y pon.
Éste post no tiene otro fin que el de sensibilizar a las personas de a pie, los que son como yo y como el resto de los mortales que no compite a un nivel como para que su vida gire en torno a un tupper de pollo frío. Relajaos, disfrutad de la comida, variad los alimentos y alejad de vosotros los procesados. Entrenad con ganas, comed con cabeza, y olvidaos de lo que veáis en redes, que es solo un escaparate, y ellos viven de eso, pero nosotros tenemos una vida normal, con nuestros problemas y necesidades, y descuidar las obligaciones.
